Sobre Nooki
Un bloque de madera no hace nada.
Por eso puede ser una casa, un puente, una torre o algo que todavía no tiene nombre.
Nuestra historiaCómo empieza esto
Todo empezó por cómo me dejaron jugar
Me considero afortunado. No tanto por lo que tuve, sino por cómo me dejaron crecer.
En mi casa se me permitió explorar, equivocarme y llegar a mis propias conclusiones. Y eso pasó también por el juego. Los juguetes que tuve no me entretenían: me daban algo que hacer con las manos y sitio para decidir qué hacer con ello.
Jugar era tocar. Construir. Desmontar para ver qué había dentro. Volver a montarlo mal. Intentarlo otra vez. Imaginar.
Con los años he entendido que aquello no fue casualidad. Era una manera de entender la infancia. Y es la que me gustaría devolver.
JordiFundador de Nooki
Lo que ha cambiado
Nuestros hijos no juegan donde jugábamos nosotros
Las pantallas forman parte del día a día de todas las casas. También de la mía.
No vamos a decirte que son el enemigo, ni que lo estás haciendo mal. Un padre cansado un martes a las siete de la tarde no necesita que nadie le dé lecciones sobre cómo criar a sus hijos.
Pero sí hay algo que se está quedando sin espacio, casi sin que nos demos cuenta: el juego que se hace con las manos. El que va lento. El que a veces aburre un rato antes de enganchar de verdad.
Y ese juego no desaparece porque los niños hayan cambiado. Desaparece porque muchas veces, en casa, no hay nada que compita.
En qué creemos
Un niño con una pieza en la mano está haciendo mucho más de lo que parece
Está calculando. Está probando. Está fallando y corrigiendo sin que nadie le diga cómo. Y está decidiendo qué es esa pieza: hoy un puente, mañana un barco, pasado un trozo de muralla.
No vamos a prometerte que eso le hará más inteligente. No sabemos medirlo y no queremos vendértelo.
Lo que sí creemos, y lo hemos visto suficientes veces, es esto:
Cuando el juguete hace menos, el niño hace más.
Lo que buscamos en un juguete
No es una cuestión de madera. Es una cuestión de espacio.
Por eso existe Nooki
Los buenos juguetes existen. Encontrarlos es lo difícil
Están ahí, pero se pierden entre catálogos infinitos, plástico que suena y promesas educativas que nadie ha comprobado.
Nooki nace para acortar ese camino. No somos un catálogo: somos una selección corta y deliberada. Preferimos tener pocos productos y saber por qué está cada uno.
Para que un juguete entre en Nooki tiene que cumplir tres cosas. Las tres, no dos.
- Que atrape sin pilasQue lo coja y no lo suelte durante veinte minutos, sin luces ni sonidos que le empujen a seguir.
- Que no tenga una única forma correcta de usarseJuego abierto: la novedad la pone el niño. Y esa fuente no se agota en dos semanas.
- Que puedas dejarlo a la vistaUn juguete bonito se queda en el salón. Y un juguete a la vista es un juguete que se usa.
Si un producto no cumple las tres, no entra. Aunque se venda bien.
Me dedico profesionalmente a las fusiones y adquisiciones: trabajo con empresas y con empresarios. Pero siempre he tenido la inquietud de construir algo más directo, alineado con cosas en las que creo de verdad. Nooki es eso.
Más que juguetes
Lo que recuerda un niño no suele ser el juguete
Un juguete puede ser una herramienta para construir. Un sitio donde equivocarse sin consecuencias. Una forma de descubrir cómo funcionan las cosas.
Pero sobre todo puede ser una excusa para sentarse en el suelo.
Y lo que recuerda un niño casi nunca es la pieza de madera. Es quién estaba a su lado. Un padre, una madre, un hermano, un abuelo, un amigo. Veinte minutos sin prisa y sin el móvil encima de la mesa.
Eso no lo vende nadie. Pero un buen juguete lo pone mucho más fácil.
La infancia no necesita más estímulos.
Necesita sitio para imaginar.
La comunidad
Nooki significa rincón
Ese trozo de casa donde acaban las piezas. Donde alguien construyó algo raro y lo dejó ahí para seguir mañana. El sitio donde pasan las cosas.
Queremos que Nooki sea también un rincón más grande: familias que piensan parecido sobre cómo se juega y cómo se crece.
Padres y madres que prefieren un juguete que dure años a diez que duren dos semanas. Que no necesitan llenar todas las horas del día de sus hijos. Que se sientan en el suelo aunque estén cansados, porque saben que ese rato vale.
Si has llegado hasta aquí, probablemente eres uno de ellos. Y no eres el único que piensa así.
Haz sitio para el rincón
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Un día guardarás las piezas en una caja.Lo que construyeron con ellas no cabe ahí.
JordiFundador de Nooki
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